la experiencia de viajar sola (2)

Os hablé de mi experiencia viajando sola, pero aún tenía que convenceros de que pasar un fin de semana en la Provenza es una idea maravillosa. Lo mejor de amanecer un sábado o un domingo en cualquier pueblo de la Provenza es el mercadito, donde se agolpan los comerciantes de la zona a vender sus productos: frutas y verduras con olor y sabor (si, de esas de las que ya quedan pocas), quesos, panes, mermeladas dulces y saladas, fiambres y mucho mucho más. Lo peor es que quieres comértelo todo y peor aún, que en muchos casos acabas haciéndolo. Un poquito de fuet en este puesto, el pan de aquel otro con mermelada de olivas, que si unos caracoles recien hechos en otro. Y acabas con un festival. ¿Lo mejor? Que puedes comerte todas tus compritas mientras te tomas un vino en una terracita. ¡¡Y no está mal visto!! Cada uno saca sus viandas, y aperitivo montado sobre la marcha.

Yo me alojé en Aix en Provence, tengo la suerte de que una de mis mejores amigas vive allí, así que ya me conozco bien la zona. Aix es el pueblo con más tiendas de todo Francia después de París, asi que se puede pasar bien un día entrando de una tiendita a otra, desde grandes firmas como Hermes (que tiene una buena tienda en la plaza del mercado) hasta pequeñas boutiques donde encontras cositas únicas. Auténtica perdición.

Y cuando llega la hora de comer cualquier restaurante es bueno, y todo el mundo se agolpa en las terrazas en cuanto sale un rallito de sol, y todos mirando a los viandantes, como bien sabemos por las fotos de París (o por haber estado, eso da igual) porque los franceses son muy de cotillear y por eso se ponen de cara al público, para que no se les escape nada. Por cierto, el pato no puede faltar en vuestra mesa. Y si no está vivo mejor.

Os diré de Aix en Provenze que es la ciudad de Cezane, asi que podréis imaginaros que hay belleza a cada paso, en todas las calles hay rinconcitos fotografiables, fuentes que se esconden tímidamente por los rincones y puertas de casas donde simplemente llamarías para quedarte a vivir. En Aix, te quieres quedar.

También pasé uno de los días en Marsella, esa ecléctica ciudad en mitad del Mediterráneo donde hay que hacer tres cosas: comer marisco (bouillabaisse concretamente), comprar jabón de Marsella y no tener prejuicios para entrar en todos los barrios. Hay muchos marroquís y eso a veces nos produce inseguridad (innecesaria!), lo mejor es relajarse y caminar. Porque hay muchos barrios donde parece que no habrá nada interesante y que sorprenden mucho. Imprescindible perderse por las calles del Barrio de Le Panier y comer Navettes, que son los bizcochitos típicos de la zona. Si es sentado mirando al antiguo puerto disfrutando de la puesta de sol, aún mejor.

Podría seguir escribiendo durante horas, pero solo reafirmaría que la Provenza es un lugar al que volver muchas veces, comer mucho Pain au Chocolatte y comprar flores de colores.

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 Besitos

 Erika

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