Me enamoré del mar

 

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Hoy quiero contaros de cómo me enamoré del mar. Son pocas las cosas que consiguen hacerme desconectar. Soy muy nerviosa y excesivamente activa. Y digo excesivamente porque muchas veces me cuesta pararme a mí misma. Relajarme. Desconectar. Y esa calma que buscaba la he encontrado, sin querer, en el mar.

Vivo en Barcelona hace tres años, para mi el mar siempre ha significado vacaciones, verano, diversión, familia, amigos. Lo típico para una ciudadana de la meseta castellana. Pero ahora el mar es algo cotidiano y mucho más especial de lo que nunca imaginé.

En el mar encuentro mi espacio, el lugar en el que consigo despreocuparme, no pensar en nada y relajarme. Una toalla, un libro y poco más. Puedo estar horas y olvidarme del mundo. Por suerte nadar es uno de mis deportes favoritos, así que no solo de lecturas va la cosa, y también aprovecho para ponerme las gafas y nadar.

Para mi lo mejor de vivir cerca del mar es que cada fin de semana de verano (que aquí va desde finales de abril hasta casi terminado octubre) significa vacaciones. El mismo viernes por la tarde, que por suerte tengo jornada intensiva, cojo mi pareo y paso la tarde en una de mis playas favoritas: San Pol de Mar. Ese agua turquesa cristalina no deja de sorprenderme.

Sábado es igual a playa, domingo es igual a playa. Ya te cansarás, me decían el primer año. Y ya van tres y no me canso, creo incluso que va a más.

Uno de mis problemas es la conciliación del sueño, me cuesta mucho dormir e incluso me despierto en mitad de la noche y me quedo horas desvelada. Pues también el sonido del mar me ayuda, he encontrado en Youtube un video con sonido relajante de playa. Lo pongo, hago unos ejercicios de respiración profundos (meditaciones guiadas de mi Bellabeat) y en 10 minutos recupero el sueño.

Mono/Jumpsuit: Bershka

Besitos

Erika

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